martes, 22 de marzo de 2011

¿Qué es la violencia contra las mujeres?

    La violencia contra las mujeres es un fenómeno que debe dejar de ser entendido como una característica propia de las relaciones personales y sociales, o producto exclusivamente de los rasgos de personalidad o problemas psicológicos. Debemos terminar de creer que la violencia contra las mujeres siempre ha existido, esto es un mito más, no es algo natural, puesto que la historia nos dice otra cosa: existieron sociedades que se organizaron de manera más igualitaria. En consecuencia, podemos vivir de otra forma, y afirmar que ese “siempre ha existido” es una falsedad que demuestra que la violencia en contra de las mujeres es algo cultural, que tiene que ver con los valores de cada sociedad, y que por lo tanto es algo que se puede cambiar, porque nuestros hábitos y creencias pueden cambiarse si es que queremos.

Al mirar a nuestro alrededor podríamos percatarnos de que en general esta sociedad es violenta, que tanto a hombres como a mujeres se les maltrata. Por esta razón es que la violencia contra las mujeres se ve invisibilizada y se mira como algo menor o igual a los otros tipos de violencia, ya que en muchas esferas de esta sociedad se utiliza el mecanismo de la violencia para ejercer el poder y conseguir la subordinación de una persona o grupo sobre otra(s) persona(s) o grupos. Es necesario por esto dejar en claro que la diferencia en este caso es que el factor de riesgo en la violencia que viven las mujeres es por el hecho de ser mujer (obviamente hay otros factores de riesgo que se entrecruzan, tales como la clase social, lo étnico, el nivel de educación, la drogodependencia por parte del agresor, etc). Con esto me refiero a que el ser mujer socialmente acarrea una serie de obligaciones, roles, actitudes y formas de ser que nos obligan a ser sumisas y muchas veces a hacer cosas que no nos gustan y nos hacen daño. Claro, a los hombres también se le asignan determinados roles que pueden significar presión y stress por tener que cumplirlos, pero la gran diferencia es que esta construcción del ser hombre los sigue situando arriba, en una posición superior a la de las mujeres. Por lo tanto, los hombres se sienten con el derecho de ejercer poder sobre las mujeres (a través de la manipulación, de órdenes, de golpes, de garabatos, de obligarlas a tener relaciones sexuales porque supuestamente las mujeres debemos satisfacer a los hombres cuando lo necesiten, a través de amenazas, a través de sueldos inferiores para las mujeres por el mismo trabajo, etc.). Estas creencias y prácticas, tanto hombres como mujeres las hemos aprendido socialmente, siendo en muchos casos las mujeres muy machistas y responsables de que esta historia se repita. Podrán decir que en algunos casos las mujeres están más integradas, que tienen más oportunidades, que los hombres “ayudan” en la casa, etc. Si, es verdad, hay algunas mujeres que cuentan con esto, pero esto no significa que la discriminación y la violencia ya no existan.

Por lo tanto, entenderemos la violencia contra las mujeres como “el ejercicio de la violencia que refleja la asimetría existente en las relaciones de poder entre varones y mujeres, y que perpetúa la subordinación y desvalorización de lo femenino frente a lo masculino. Ésta se caracteriza por responder al patriarcado como sistema simbólico que determina un conjunto de prácticas cotidianas concretas, que niegan los derechos de las mujeres y reproducen el desequilibrio y la inequidad existentes entre los sexos” (Nieves Rico, 1996:8). La ONU, en su Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la define como “[…] todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada” (OPS, 2003:4).

Uno de los aspectos relevantes de las definiciones anteriormente señaladas, es que posicionan claramente a la violencia en contra de las mujeres, como una expresión de las desigualdades de género*. Eso es social de lo que he estado hablando es el género, es decir, esa “construcción social y cultural de las diferencias sexuales adquiridas a través del aprendizaje del individuo, [a partir de la cual] podemos comprender las relaciones sociales planteadas entre hombres y mujeres, sus roles establecidos cultural e históricamente, transmitidos a través de la socialización, favoreciendo estereotipos de roles basados en las diferencias biológicas” (Clasing y Moraga 2009: 152). Por lo tanto, tal como lo planteé en un comienzo, esta violencia no es casual, sino que el factor de riesgo es ser mujer, por tanto se extrae la relevancia del concepto de género para comprender la violencia contra las mujeres, siendo ésta producto de la desigualdad de poder existente entre ambos géneros, en detrimento del femenino. Es a partir de la construcción social de las identidades de género que se reproducen patrones de comportamiento y relaciones marcadas por asimetrías de poder, con múltiples consecuencias sociales, económicas y políticas (Díaz 2008). Estas relaciones provienen de los modos en que las culturas asignan funciones y responsabilidades distintas a las mujeres y a los hombres, lo que determina diversas formas de acceder a los recursos materiales o no materiales (Pérez 2007). 
Quisiera exponer que evidentemente la violencia hacia las mujeres no es entendida como una experiencia estándar  que enfrentan todas las mujeres por igual, puesto que se relaciona igualmente con el nivel socioeconómico, a la pertenencia étnica, al país donde se vive, etc. Es decir, una mujer mapuche que vive en un sector rural experimenta una violencia distinta a la de una mujer de nivel socioeconómico alto que vive en una comuna acomodada de Santiago de Chile.
En su carácter de “socialmente aprendido” radican nuestras esperanzas; al cambiar las formas en que pensamos a los hombres, a las mujeres, a los(as) niños(as) y nuestro alrededor, y al cambiar cómo actuamos, podremos vivir más tranquilas(os). Algo sumamente importante es poder traspasarles a las nuevas generaciones esta nueva forma de vivir sin violencia.

¡Es posible que nuestras vidas y la historia cambien!
¡No más violencia contra las mujeres!



*Otro concepto utilizado muchas veces como sinónimo de la violencia contra las mujeres es la violencia intrafamiliar y violencia doméstica. Dentro de esta se incluye cualquier violencia ejercida en el hogar por cualquier miembro de la familia. Dentro de esta cabrían la violencia hacia los(as) hijos(as), hacia miembros de la tercera edad, entre hermanos(as), etc. Lo anterior son fenómenos  graves que merecen atención, pero resulta necesario dar cuenta de la invisibilización de la violencia que viven las mujeres al incluirla dentro del concepto de violencia doméstica o VIF. Igualmente es necesario recalcar que en esta ley no se incluye la violencia vivida en el pololeo o en parejas que no han convivido varios años, cuestión que es gravísima.


Javiera Hinrichs Deppe®

Referencias Bibliográficas:
-         Clasing, Yanira y Moraga, Leslie (2009) “Representaciones sociales de víctimas y agresores en violencia doméstica: una mirada desde los/as profesionales de la Comuna de Hualqui” publicado en publicado Valdés, Ximena, Mendoza, Angie y Mack, Macarena (2009) “Violencias de Género. Cuerpos, espacios y territorios”, CEDEM, UNIFEM y Universidad de Concepción, Chile.
-      Díaz, Mareelén (2008) “Género y familia: ¿mundo público vs mundo privado?”. En Boletín CIPS, Segunda Epoca, no. 2. CIPS, Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas. Cuba. [En línea] Recuperado en: http://www.cips.cu/descarga.php?id=boletin12.pdf&path=boletines [2010, 7 de Agosto]
-       OPS, Organización Panamericana de la Salud (2003) “La violencia contra las mujeres: el sector salud responde” Washington, DC. Organización Panamericana de la Salud, Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud, 2003 
- Pérez, Rebeca (2007) “La problemática de género: nuevos enfoques y estudios de caso” En Boletín Electrónico ISRI, no. 16. [En línea]. Recuperado de: http://www.isri.cu/Paginas/Boletin/boletin_8707.htm  [2009, 12 de junio]
-       Rico, Nieves (1996) “Violencia de Género: Un problema de derechos humanos”. CEPAL: Santiago, Chile.

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